Dicen que la música es el mejor vehículo que conduce a las emociones. En esta bitácora la primera página, la que precede al índice, presenta la respuesta a una pregunta. La música siempre va a acompañar a estas letras, quiero ponerle estribillo a cada cosa importante que no quiero olvidar.
Uno de los retos del blog será que por cada nueva cosa que aprenda deberé desaprender otra (hay que despojarse de algo para dejar espacio a lo nuevo):
Suelto pensar que esto no tiene remedio y me apego a la idea de que esto es el camino...
Cuando la realidad se modifica… se produce el cambio…
Cuando quien se modifica eres tú… se produce la transformación…
Del nada se pierde, todo se transforma… sabemos que es una ley de la física, se dice que es una propiedad de la energía. Tú no serías quien eres sin todo tu pasado… tu presente es hoy.
Este blog empieza ahora. Mi presente es la consciencia de que algo no es íntegro si no es coherente, congruente y consistente. La pasión, la tenacidad y la actitud se contagian. Dejar de llorar por el sol que se fue me permite ver las estrellas. No hay viento favorable para quien no sabe a dónde va. No hay cielo sin tormentas. No hay camino sin accidentes. Comienza un viaje. Ese viaje es el mío. Este lugar será la bitácora del mismo. El destino soy yo. Desde ya, empiezo a dejar de buscar respuestas y empiezo a formularme preguntas.
Cuando la vida nos niega algo... ¿será porque nos tiene reservado algo mejor?
Allá por agosto de 2008, empecé con mucha ilusión un proyecto. Creo que quería ser yo misma y lo he acabado siendo. Cuando vuelvo la vista atrás y miro aquella sensación recuerdo que existía un motivo. La realidad lo ha diluido y vuelve a hacerme inalcanzable alcanzarlo.
Lo bueno de este blog ha sido perderle el miedo a este mundo de la tecnología y haber podido contar un tiempo de opiniones ajenas. Lo malo es que no he sabido darle calor a este lugar ni de hacer de las mías algo interesante. Al final he hecho cierto aquello de que no se le puede pedir peras al olmo.
Cierro oficialmente el blog y certifico la evidencia oficiosa de su final, y es que hay gente que no se entera y una es de ese tipo de gente. Casi nadie sabe que es un bicho raro hasta que lo descubre demasiado tarde.
Al parecer, según esta teoría, las personas, independientemente de su edad, son capaces de disfrutar de cualquier tarea, siempre que ésta le resulte divertida y placentera. A fin de cuentas, de lo que se trata es de llegar a sentirse mejor en el momento de hacer algo que, al parecer, suena a obligatorio. De alguna forma persiste en las personas adultas el gusto por el juego, en el más noble sentido de la palabra.
¿No has sentido ganas de patinar en esos suelos abrillantadísimos de cualquier gran aeropuerto o de un hospital? Demasiada gente mirando nos inhibe, pero tiene que ser una pasada deslizarse sobre ese suelo como surfista sobre la ola. No lo hacemos. Pasamos de largo sobre ese suelo incitador y miramos la tarjeta de embarque, buscamos la puerta y como mucho miramos por la ventanilla para disfrutar de las vistas.
Jugar. Precioso verbo y magnífica actitud. Es una pena que lo olvidemos, poco a poco. De alguna forma en esta sociedad educamos en el juego sólo en edades tempranas y vamos perdiendo la capacidad de hacer que las personas sigan jugando, sigan disfrutando y sigan viviendo con éste ingrediente más del ansiado cóctel de la felicidad, en la edad adulta.
Dos ejemplos de ésto son estos dos anuncios publicitarios:
Emilio Duró fué el conferenciante de la charla "El coeficiente de opitimismo en tiempos de crisis" y que ha dado de sí éstos últimos post de este blog. Aunque hubo alguna que otra afirmación de Emilio sobre la que discrepo, en general me encantó su conferencia pero creo que le he hecho un flaco favor con mis entradas, que no pretendían otra cosa más que el divulgar su trabajo.
Mis más sinceras disculpas a quienes haya podido ofender o molestar con mis ideas u opiniones en este blog .
Sabrás reconocerlo si cuando estás en él, se te altera la noción del tiempo.
Es aquel que despierta tu pasión, el que saca a la luz tu creatividad.
Es el que te carga las pilas, el que te llena de energía.
Es aquel que te permite reconocer el entorno de forma intuitiva.
Ando en busca de mi elemento. Hoy es 25 de diciembre. Cuando muchas personas de las que me rodean piden al nuevo tiempo aquello que no tienen, yo me topo de bruces con el valor de aquello con lo que cuento.
Pensaba que era falta de ambición no desear más cosas y ahora creo que ambiciono parecerme a esa persona que quiero ser. Busco el lugar donde mi pasión corre libre, donde reside mi energía y donde cargar mis pilas. Busco mi elemento y lo descubro en mi corazón. Esperando a ser visto.
Es verdad aquello que dicen que cada crisis es una nueva oportunidad. Anoche, durante unos minutos, en una sala de espera, en medio de un desaire de esta indomable vida que tenemos, mi mente divagó por los caminos de mis recuerdos y vivencias y me llevó a un lugar donde pude sentir el atropellado latir de mi corazón. Yo empeñada en aprender a no sentir dolor y la vida dándome lecciones, para terminar aprendiendo que si huyo del dolor, me matricularía en la cobarde insensibilidad de convertirme en alguien sin alma, vacía y sin nada que ofrecer.
Querer es exponerse al dolor. Creo que queriendo me encuentro en mi elemento, creo que he aprendido que el dolor es la cara oculta de la felicidad y que si lo evito, me quedo sin la magia de sentir eso que llaman "vivir" y de la maravillosa calidez del sol que la alumbra; la felicidad.
A mis 42 años me encuentro un tanto avergonzada por que me descubro en la primaria de la vida y seguía sin ver que dolor y sufrimiento son dos cosas parecidas pero distintas. No puedo aprender a no sentir dolor si no es a cambio de frenarle el vuelo a la cometa de mi corazón . Creo que el dolor es la bandera blanca que preside el territorio que tengo en guerra con el tiempo, que es la vida, en la que todo tiene un final y el sufrimiento es esa espina que yo le fabricaba a mi dolor, a la que tanto he temido. Ahora sé que lo que debo aprender es a no herirme con ellas, porque el dolor es un pétalo más de las rosas de mi vida. Espero no haber aprendido tarde. Espero no haberte dejado marchar.